Cristina Gálvez

El comienzo artístico de Cristina Gálvez fue sin duda el dibujo, en el que se inicia a los 13 años, a poco de llegar a París con su familia; tuvo un contacto muy temprano con la escultura en su adolescencia, fue educada en Francia y Bélgica, por lo que conoció las grandes transformaciones previas a la Segunda Guerra Mundial. De vuelta en Perú, asistió a la Escuela Nacional de Bellas Artes (1936-1938) y ya radicada en Nueva York, continuaría cursos de escultura en la Art Student League. Su inclinación por la escultura reaparecería hacia 1950, con su participación en las Bienales de Sao Paulo de 1953 y 1957 con pequeñas esculturas de cuero; en 1952, obtuvo la beca Rockefeller and Ford Foundations para el programa Internacional de Arte de esa ciudad.
Una vez más en Lima, Cristina Gálvez inicia su trabajo escultórico cortando un grupo de máscaras ayacuchanas, a las cuales desgarra los ojos, como en un intento de anular su expresión. Cristina siempre tuvo una particular forma de sentir y hacer (vivir) el arte en la nueva generación de artistas peruanos. En sus esculturas se puede apreciar que nunca se desprendió de la forma figurativa, a las que le dio un tratamiento expresionista que se intensifica en su madurez. Sus esculturas tienen un inusual encuentro entre la modernidad y cierto acento gothic.







“Me debato entre la tensión, el vacío y la violencia (…) Yo no veo en volúmenes, pienso más en el vacío que completa la figura y siento, como dibujo, unas cosas agudas como puñales, como aceros”
Cristina Gálvez



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